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29 de Octubre 2004

La hipótesis de Whorf

Leía yo este Verano que un estudio había demostrado la hipótesis de Whorf. En ese momento no sabia yo quien era el tal Whorf, pero el articulo me resulto interesante. Resulta que este tipo sostuvo que es la lengua la que estructura nuestra forma de pensar y, por ende, de entender el mundo. La tesis opuesta sostiene que es al revés, es el hombre quien habla según unas estructuras mentales dadas por el medio, sociedad incluida. La demostración de la hipótesis de Whorf vino, en fecha reciente, en forma de una tribu perdida y aislada, que habla una de esas lenguas atávicas, casi sin lazos con ninguna otra.

Dicha lengua no tiene un termino para expresar una cantidad mayor de dos. Uno, Dos y muchos, así cuentan en esta tribu. A cualquiera (a mí, a ti que lees esto) lo primero que se le pasa por la cabeza es que después del dos venga el dos-más-uno, el dos-más-dos... pero eso se debe a que nosotros sabemos que hay algo después del dos. Este estudio demostró que para estos tipos, no lo hay. O si lo hay, es una realidad tan inabarcable para ellos como para nosotros seria calcular usando una cuarta dimensión. Es decir, sabemos, pero trasciende la estructura de pensamiento básica con la que salimos de serie, nos requiere un esfuerzo y rara vez alguien llega a poder hacerlo con naturalidad, esto es, sin soporte escrito.

Los estudios también demostraron que dicha tribu muestra un coeficiente intelectual adecuado, dentro de la media global humana. Y el caso es que ellos no son conscientes del problema. Ante un problema tan simple como “coge el mismo numero de frutos que yo de esta cesta” no tenían ningún problema si este numero era uno o dos. Incluso tres. Mas de eso, se perdían. Cogían el numero que mejor les pareciese y se quedaban tan anchos. Comparados ambos montones de frutos, no veían diferencia, aunque esta fuera enorme. Su estructura mental simplemente no reconocía dicha diferencia.

Whorf formulo su hipótesis estudiando a los indios Hopi o “Pueblo”, una tribu relativamente avanzada y sedentaria de Arizona. Los indios Hopi no tienen tiempos verbales. Para ellos “He visto un Perro”, “veo un perro” y “veré un perro” se expresan siempre como “veo un perro”. La percepción que del tiempo tienen es diferente a la nuestra, pese a ser precisa y reglada (desarrollaron un complejo sistema de calendarios), no establece una diferencia cualitativa entre pasado presente y futuro. Que queréis que os diga, a mi se me antoja apasionante, poético incluso. Y también me provoca interrogantes.

Si un crío no aprende un concepto en la etapa en que la lengua conforma su estructura de pensamiento, pese a que lo aprenda mas tarde dicho concepto será algo ajeno para él. Algo que jamás manejará con la soltura de quien lo lleva grabado. Y no sé vosotros, pero mi experiencia con chavales adolescentes es escalofriante a ese respecto. Que el vocabulario se empobrezca paulatinamente siempre ha sido tema de preocupación para los pedagogos, pero hasta ahora no me había planteado el abismo que para esos críos supondrá tener que asimilar más adelante esos conceptos. Como ordenadores, se nos configura, se nos programa. Y si, discurrimos y nos aventuramos más allá de los limites de esa programación, pero eso exige una superación por nuestra parte. No pisamos terreno seguro y excepto los individuos mas comprometidos o dotados, jamás nos sentiremos en casa, como nos sentimos cuando de conceptos cubiertos por nuestro idioma se refiere (y no, la teoría del caos, la materia oscura o el álgebra diferencial no forman parte de nuestro equipaje lingüístico-cognoscitivo básico.).

Bueno, ahora plantearos que conceptos en apariencia tan simples como el respeto, la conmiseración o la fraternidad quedasen fuera de dicho equipaje en un numero grande de personas. “Son conceptos demasiado simples, básicos” diréis. No más básicos que el concepto de “tres” y una cultura entera lo desconoce del todo punto. ¿el concepto de ideología? El empobrecimiento lingüístico no es solo algo que ayude a distinguir a las clases sociales fácilmente, como el Profesor Higgings caza a Eliza, sino que deja taradas a sus victimas, severamente incapacitadas para aprehender parte del mundo que les rodea, hasta el punto de que simplemente no lo echen en falta.

¿Todo esto para llegar a una conclusión socialistoide sobre la educación de la clase obrera? Bueno, pues si.

El Hombre Malo pisoteó nuestros corazones en 29 de Octubre 2004 a las 04:10 AM
Comments

Pues parece mentira, pero la "educación" también mata la riqueza: una educación etnocéntrica, alguien que se empeñe en enseñarles el 3 a esa tribu o, por ejemplo, los europeos que acababan de asimilar el cero oriental (¿indio traído por los árabes?) lo impusieron en América antes de detenerse a comprender el cero maya -si quieres te paso un link a un artículo sobre las dimensiones espaciotemporales que tenía el cero maya-.

¿Que el nuestro es más práctico? Pues según organizamos nosotros nuestra vida sí, pero eso no quiere decir que no hubiera estado de más conservar diversos conceptos para las mismas cosas. Cuantos más mejor.

Y a lo que te refieres, me temo, es que la realidad actual consiste en exactamente lo contrario.

Germán ha osado. 29 de Octubre 2004 a las 10:44 AM
Enfréntate al Hombre Malo por tu cuenta y riesgo